España El 8 de septiembre de 1936, 38 monjes
del monasterio de Viaceli, en la provincia de Santander, en España,
fueron expulsados de su monasterio por agentes de la Federación
de los anarquistas ibéricos. Metidos en prisión, luego fueron
puestos en libertad: Algunos se dispersaron en casas privadas,
otros pudieron llegar a Bilbao donde no había una persecución
religiosa violenta, otros se reagruparon en Santander, formando
así tres pequeñas comunidades que trataban de mantener la vida
monástica de modo oculto. Probablemente por un plan premeditado
de aniquilación y a causa de una delación, el 1 de diciembre fue
arrestado un grupo compuesto sólamente por hermanos conversos.
La policía marxista decía querer conocer de dónde provenían sus
medios de subsistencia. Habiéndoles manifestado que era el P.
Prior quien se ocupaba de ese tema, quizás así dieron pretexto
a los agentes para arrestar al segundo grupo, en el que se encontraban
el P. Prior y otros monjes sacerdotes. El Prior,
Padre
Pío Heredia Zubía (1875-1936) no quiso manifestar en
modo alguno el nombre de quien les ayudaba. Después de penosos
interrogatorios y malos tratos durante el proceso instruido en
la noche del 2 de diciembre, se llegó a su ejecución. El proceso
fue para dar una apariencia de legalidad a la condena de los religiosos,
pero en realidad todo fue por odio de la fe. Según el testimonio
de un oblato de quince años, que se encontraba con los monjes
y que luego fue liberado, los religiosos fueron subidos en un
camión en dos grupos separados, uno en la noche del 3 de diciembre,
y el otro en la noche siguiente. De estos hermanos no se supo
nada más. ¿Arrojados al mar contra las rocas del faro de Santander
o conducidos en barca y hundidos en las aguas profundas de la
bahía o bien fusilados cerca del cementerio de la ciudad? La primera
hipótesis parece la más probable, testimoniada por alguien que
lo oyó a uno de los ejecutores. La pasión de estos doce monjes
fue precedida de la de dos cohermanos que permanecieron en el
monasterio. En efecto, el mismo día de la expulsión los invasores
habían retenido con ellos dos sacerdotes: el secretario
P.
Eugenio García Pampliega (1902-1936) y el
P.
Vicente Pastor Garrido (1905-1936), probablemente con
la esperanza de poder apropiarse del dinero de la abadía, pensando
que era rica. Sin embargo sus investigaciones no dieron ningún
resultado y los dos monjes, instados a apostatar, se negaron.
El 21 de septiembre los anarquistas pidieron a los dos acompañarles
en coche a Santander. Retardando la salida hasta adentrada ya
la noche, y a unos veinte kilómetros del monasterio les mataron
a golpe de pistola, abandonando los cadáveres al borde de la carretera.
Encontrados al día siguiente, la gente del lugar les enterró en
el cementerio de Rumoroso. Sólamente

en 1940 los monjes de Viaceli exhumaron los restos y los trasladaron
al monasterio, enterrándolos en el claustro de la lectura. A estos
catorce mártires, es necesario añadir otros cinco miembros de
la comunidad de Viaceli, que perecieron en circunstancias diferentes,
todo ellos entre julio de 1936 y mayo de 1937. El 29 de diciembre
de 1936 un converso de votos temporales,
Leandro Gómez
Gil (1915-1936) fue descubierto por los milicianos en
una casa particular: pertenecía al grupo de monjes estudiantes
y hermanos conversos que, prudentemente, se había disuelto después
de la desaparición del P. Pío y de sus compañeros. La policía
lo maltrató hasta el punto que, de tanto sangrar por la boca,
la nariz y las orejas, una sábana fue empapada por su sangre.
Declarando que era religioso, al día siguiente fue metido a la
fuerza en un coche y desapareció.
Santiago Raba Río
(1910-1937) profeso solemne y subdiácono, movilizado en el ejército
republicano, fue descubierto como monje y amenazado de muerte.
El mismo comentaba: "Yo duraré poco. Ciertamente que me matarán,
dado que saben que soy religioso". En efecto, en mayo de 1937,
en el frente de Vizcaya, fue encontrado muerto en una trinchera,
herido de muerte en la nuca. Su hermano testimonió que el jefe
de sección se había dado cuenta que "el Hermano" no se encontraba
con los otros, y, buscándolo, lo encontró en oración: entonces
le disparó todo el cargador de la pistola sobre su cabeza. Un
destino parecido le tocó al cohermano
Ildefonso Telmo
Duarte (1912-1937), profeso de votos temporales. El frente
popular de Cóbreces confirmó que el joven era efectivamente religioso.
Y él también lo confesó con coraje. Asignado a un batallón de
disciplina, fue tratado durísimamente y el 30 de abril de 1937
uno de sus torturadores lanzó contra él una bomba de mano, matándolo
del golpe.
Lorenzo Olmedo Arrieta (1888-1936)
fue otro miembro de Viaceli, víctima de la persecución. Habiendo
entrado de niño en San Isidoro de Dueñas, fue enviado a Viaceli,
donde fue nombrado maestro de novicios y luego ecónomo. Nombrado
superior de la fundación de Viaceli en Huerta (Soria), había ido
al monasterio de las monjas de Brihuega, en la provincia de Guadalajara.
Sorprendido allí por el estallido de la guerra, lo arrestaron,
maltrataron y ultrajaron. Confesando que era religioso, lo mataron
en Jadraque, probablemente el 28 de julio de 1936. Enterrado en
el cementario, posteriormente fue reconocido su cadáver por un
cohermano. Habría que añadir a estos 18 mártires de Viaceli un
candidato para el monasterio, quien resultó ser el primero de
todos para dar su vida por Cristo: el
P. José Camí Camí
(1907-1936). Era sacerdote diocesano deseoso de entrar
en Viaceli, donde ya había sido aceptado. Bloqueado por las hostilidades,
fue convocado ante el comité del pueblo y, en la noche del 27
de julio de 1936, fue amarrado con el vicepárroco de Aytona a
la parte trasera de un coche que arrancó a toda velocidad, arrastrando
a los dos sacerdotes a lo largo de varios kilómetros. Llegados
a un cruce, los dos tuvieron todavía la fuerza para levantarse,
abrazarse y perdonar a los asesinos. Finalmente fueron fusilados
y aplastados por las ruedas del coche que pasó varias veces sobre
sus cuerpos. Un testigo ocular contó los detalles de la muerte
a la hermana de José. La causa de beatificación de todos estos
mártires ha sido introducida y ya está avanzada.