La lectio divina asidua fomenta sobremanera la
fe de los hermanos en Dios. Esta excelente práctica de la
vida monástica, en la que se escucha y rumia la Palabra de
Dios, es fuente de oración y escuela de contemplación,
en la que el monje dialoga con Dios de corazón a corazón
Por lo tanto los hermanos dediquen cada día
a esta lectura un tiempo conveniente
Los monjes se aplican frecuentemente a la oración
con ardiente deseo y espíritu de compunción. Estando
en la tierra, viven con su espíritu en el cielo y desean
la vida eterna con todo afán espiritual. Siempre deben tener
presente en sus corazones a la Virgen María, Asunta al cielo,
vida, dulzura y esperanza del que peregrina en la tierra.
Conforme a la tradición de la Orden, las
horas que preceden a la salida del sol son las más apropiadas
para consagrarlas a Dios mediante la celebración de las Vigilias,
la oración y la meditación, en atenta espera de la
venida del Señor